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03 Febrero 2022

La inflación y la clínica dental


Fernando Sicilia Felechosa
Gerente en Clínica Sicilia.
Director del Programa de Dirección y Gestión de Clínicas Dentales de BQDC.

“Fly me to the moon

Let me play among the stars

Let me see what spring is like 

On Jupiter and Mars

In other words, hold my hand

In other words, baby, kiss me”

Fly Me to the Moon - Frank Sinatra




Cerramos 2021 y comenzamos 2022 en una situación de gran incertidumbre por el impacto de Ómicron, nueva variante del coronavirus SARS-CoV-2, agente patógeno que se resiste a dejarnos tras casi ya dos años entre nosotros.

Como consecuencia de ello, la economía global se resiente y el camino hacia la recuperación no termina de verse claro. Para colmo, tras el verano pasado resurgió un temido término económico que hacía tiempo que no estaba en el primer plano de la prensa salmón: la inflación.

Pero, ¿qué es la inflación? La inflación es, según la definieron los eruditos de la Escuela de Salamanca, primordialmente un fenómeno monetario. Debe, por lo tanto, entenderse como la inyección de dinero nuevo en el sistema.

Este concepto no debe confundirse con el IPC, Índice de Precios al Consumo que nos presenta la evolución de los precios en los bienes y servicios de consumo, que suponen aproximadamente un tercio del total de bienes que componen la economía.

Este índice ha venido subiendo en los últimos tiempos, alcanzando en diciembre el 6,7 %. Los principales inductores de este crecimiento parecen ser el alza de los precios de la energía y un importante aumento de los precios de las materias primas, cuya causa son los cuellos de botella provocados por la pandemia.

De esto nos ocuparemos más adelante, pero volvamos por el momento a la definición de la inflación como fenómeno monetario y lo que esto supone. 

Explica el profesor Jesús Huerta de Soto que, cuando se inyecta dinero nuevo en la economía, dinero no procedente del bolsillo de los ahorradores, se produce el llamado efecto Cantillon. Richard Cantillon era un economista irlandés de los siglos XVII y XVIII que fue el primero en detectar que los cambios monetarios jamás son neutrales (fig. 1).

De hecho, el incremento de la oferta monetaria tiende a tener efectos perniciosos, sean estos perceptibles o no a simple vista o a corto plazo. Decía Frederic Bastiat, célebre economista francés del siglo XIX, que lo que diferencia al mal economista del bueno es que el primero se queda con los efectos visibles de una determinada medida, mientras que el segundo tiene en cuenta los efectos que se ven y los que han de ser previstos.

Así las cosas, cuando se inyecta dinero en la economía, los primeros en recibirlo no solamente no ven reducido su poder adquisitivo, sino que se benefician de su posición, ya que aún pueden adquirir bienes y servicios a precios antiguos. A medida que gastan y el dinero va entrando en la economía, los sucesivos receptores son cada vez más perjudicados, ya que los precios han ido subiendo y su poder adquisitivo es menor.

Podríamos entender que hay una segunda oleada de privilegiados, que aún reciben el dinero cuando los precios no han subido mucho, y todavía obtienen un beneficio aunque menor. Esta situación atrae a los factores productivos al lugar equivocado, provocando una mala asignación de los recursos.

En todo caso, con el dinero nuevo les es posible comprar menos cosas que los primeros receptores. Este efecto puede tardar meses e incluso años en dejarse notar, pero es imparable. Uno de los más grandes economistas del siglo XX, Friedrich Hayek, Premio Nobel de Economía en 1974, compara este efecto a un tarro de miel que se vacía sobre una mesa de mármol. Una vez que deja de verterse la miel, se forma una pequeña montaña que tardará mucho tiempo en desparramarse por toda la mesa.

Así pues, unos pocos en determinados sectores se benefician de recibir antes el dinero nuevo, lo que supone una redistribución de la renta en toda regla. Y lo que es más grave, una distorsión de la estructura de precios relativos, ya que unos precios subirán antes que otros. 

En aquellos sectores por donde entró en la economía el dinero nuevo, los precios subirán antes, lo que provocará que la distribución de la oferta no responda a la demanda de los consumidores. Dicho de otro modo, la demanda de un bien o servicio X no se produce en la proporción en que se han dirigido los recursos a los sectores privilegiados como consecuencia del impacto monetario.

Esto deforma a su vez la estructura productiva debido a la mala asignación de recursos. Este fenómeno es lo que Ludwig Von Mises, autor del manual de economía más importante del siglo XX, “Human Action”, denominaba “malinvestment”, es decir, inversiones erróneas en las líneas de producción equivocadas. Esto lleva inevitablemente a la quema de capital provocando pérdidas económicas, y desencadenando la recolocación de recursos en otros usos más productivos.

Se produce por tanto una distorsión real en los factores de producción, lo que supondrá un posterior reajuste para colmar los verdaderos deseos de los consumidores. Este proceso es lo que comúnmente conocemos como recesión.

Por lo tanto, la inyección monetaria distorsiona el lado real de la economía dando lugar a errores sistémicos. Normalmente, además, esta expansión crediticia va acompañada de la manipulación a la baja de los tipos de interés, lo que afecta gravemente a la estructura de capital.

Esa expansión monetaria no es nada nuevo, aunque hoy se disfrace de tecnicismos como QE, acrónimo de “Quantitative Easing” o Expansión Cuantitativa. Lo cierto es que toneladas de dinero nuevo entran en la economía a través del sistema bancario, que bien lo retiene para sanear su balance, bien lo filtra vía créditos que la sociedad contrata alegremente al calor de los tipos de interés artificialmente bajos.

Para que nos hagamos una idea, el 80 % de todos los dólares americanos en circulación fueron emitidos en los últimos 22 meses, pasando la masa monetaria total de 4 trillones de $ a 20 trillones de $. Dicho de otra manera, se está creando demanda sin haber oferta, y se está haciendo de manera desorbitada.

Todo esto lleva a que no siempre es sencillo percibir la inflación, sobre todo si tenemos en cuenta lo comentado sobre el IPC, que no sería referencia, en el mejor de los casos, más que de una parte del problema. Actualmente están inflados sin ninguno género de dudas los activos financieros, ya sean acciones o el mercado de deuda pública. Y muy probablemente también los criptoactivos.

De hecho, los bancos centrales han engordado su balance con muchos títulos de deuda soberana, y otros activos públicos y privados hasta niveles nunca antes vistos, enmascarando así la inflación real.

Otra cuestión relevante con respecto al IPC es que su metodología de cálculo ha experimentado diversos cambios a lo largo de su historia. Esto quiere decir que si utilizáramos el IPC “antiguo” estaríamos ante unas cifras aún más altas.

Como ya sabrán, a comienzos del siglo XX la emisión de moneda aún estaba ligada al patrón oro. Por lo tanto, los gobiernos no podían emitir más dinero que el que sus reservas de oro les permitieran.

Fig.1Fig.1
Sin embargo, para afrontar las dos grandes guerras que asolaron a la humanidad durante ese siglo, esa situación se fue modificando de forma temporal. Pero decía Milton Friedman que no hay nada más permanente que una medida temporal del gobierno. Y así en 1971 el presidente Nixon desliga de una forma definitiva el dólar del patrón oro. Pues bien, el IPC se dispara a partir de esa fecha, en lo que supone todo un atentado contra el poder adquisitivo de la clase media americana. A la vista de los datos, no es difícil llegar a la conclusión de que la inflación no es otra cosa que un impuesto encubierto, mediante el cual los estados se financian a costa de sus propios ciudadanos.
Impacto en las clínicas
Pero salgamos ahora del terreno macroeconómico e intentemos ver cómo afecta todo esto a la economía real, la de nuestras clínicas dentales.
La situación antes descrita va a llevar a los dos principales bancos centrales del mundo, la Reserva Federal Americana y el Banco Central Europeo, a tomar medidas siguiendo la estela ya iniciada por otros bancos centrales.
La Fed ya ha comenzado a retirar los estímulos (QE) de forma pausada, en un proceso que denominan “tapering” (estrechamiento), y confía en haber acabado el proceso para marzo de 2022. Asimismo, se esperan tres subidas de tipos ya en 2022. Si bien la mayoría de analistas especulan con que esto no sucederá hasta el cuarto trimestre, otros esperan que el proceso se acelere.
Por su parte, el BCE aún no contempla la subida de tipos, pero sí la retirada paulatina de los estímulos a partir de marzo de 2022.
Cuando esto se produzca, es probable que se dé una corrección fuerte en los mercados financieros, aunque es atrevido mencionar la palabra recesión, ya que la dimensión del ajuste no es algo que podamos prever. No obstante, esta situación se ve agravada por niveles récord de deuda pública, que en muchos países superan el 100 % del Producto Interior Bruto (PIB), dibujando una situación nada halagüeña.
Esto ya afectaría directamente a todos los excedentes de tesorería que bien las clínicas, bien los profesionales que trabajan en ellas tuvieran colocados en los mercados con el lógico objetivo de batir el IPC. Con el agravante de que para superar un 7 % de pérdida de poder adquisitivo visible, deberíamos asumir más riesgos de los que tal vez tomaríamos en otras circunstancias.
La otra cuestión que nos afecta nos llega por el lado del incremento de costes anunciado al comienzo del artículo. ¿Y cómo controlamos esto? Elaborando presupuestos al cierre de cada ejercicio con la previsión de ingresos y gastos del año siguiente.
Por increíble que pueda parecer, la inmensa mayoría de las clínicas dentales aún no elabora presupuestos, con lo que empiezan el año a ciegas en términos económicos.

Pero, ¿qué es un presupuesto? Nada más y nada menos que el resultado, expresado en cifras, del plan de actuación fijado por la clínica para el ejercicio venidero. Sirve por tanto para la planificación y el control de gestión de nuestra consulta, siendo el mejor método para situar a la clínica en el camino deseado y mantenerla en el mismo. 
¿De verdad podemos prescindir de la herramienta principal que nos dirá si nuestra estrategia es acertada? ¿Cómo podremos virar el rumbo si nos estamos desviando del objetivo si no hay nadie al timón? Trabajar sin presupuestos es navegar a ciegas.
Podemos distinguir cuatro tipos de presupuestos en función del objetivo final: de control, para la reducción de costes; de promoción de ventas, para estimular los ingresos; financieros y analítico-contables.
Para su elaboración, debemos tomar el ejercicio económico, que normalmente coincide con el año. Y tendríamos que tener en cuenta también los últimos tres meses del año anterior y los primeros tres del año siguiente, para mayor eficiencia en la planificación.
La forma más habitual para la elaboración del presupuesto consiste en hacerlo por áreas de la clínica para después fusionar los diversos cálculos resultantes.

Por un lado, nuestro equipo de atención al paciente/cliente debería preparar el presupuesto de ventas, es decir, la previsión de ingresos de la clínica para el siguiente ejercicio, basada en la experiencia pasada y las expectativas de futuro. Habrán de tenerse en cuenta las influencias externas, por ejemplo la continuación de la pandemia, y las internas, como la capacidad productiva máxima del equipo clínico.
Deberíamos después tener el presupuesto de gastos, desglosado por partidas, que elaborará nuestro departamento contable o nuestra asesoría.
Y el presupuesto de inversiones, donde tendremos que recoger las inversiones previstas en el año, como por ejemplo la adquisición de un nuevo CBCT.
La consecuencia de todo lo anterior es la elaboración del denominado presupuesto de tesorería que cuantifica nuestras necesidades de liquidez a corto plazo y nos permite evitar tensiones en el momento de afrontar los pagos.
Esto nos permitirá conocer nuestras previsiones en términos de flujos monetarios de entrada y salida de dinero, o lo que es lo mismo, nuestra previsión de cobros y pagos. La diferencia de ambos no es otra cosa que nuestro cash flow o flujo de caja previsto para el año. 
El free cash flow o flujo de caja libre es la expresión más conservadora del beneficio de la clínica, por incluir también los Capex o inversiones en capital y ha de ser la referencia para la retirada de dividendos por parte de los socios. Es decir, el cash flow es la parte que anualmente podemos retirar de la clínica sin afectar a sus operaciones, suponiendo que el nivel de ingresos permanece estable.
El presupuesto de tesorería ha de ser una cosa viva, que cada mes vayamos corrigiendo y, sobre todo, analizando.

Porque ahí, en el análisis de desviaciones, es donde vamos a obtener la mayor aportación de valor de todo el proceso de elaboración de presupuestos.
Lo conseguiremos comparando los gastos reales del mes, con lo presupuestado y lo sucedido en el mismo mes en el ejercicio precedente. Allá donde se produzcan diferencias significativas habremos de ampliar la lupa del análisis para ver donde nos hemos equivocado y poder tomar medidas correctoras.
Por un lado, esto nos permitirá ir afinando nuestros presupuestos, que cada año serán más precisos. Por el otro, al comparar con la realidad del ejercicio anterior, podremos ser conscientes de aquellas partidas que tienen un gasto excesivo en relación a la producción.
Así, si los cobros crecen un 3 % y, por ejemplo, la compra de materiales lo hace un 10 %, debemos pararnos a reflexionar por qué sucede esto. Repetir esta mecánica de trabajo mes tras mes nos permitirá obtener una importante reducción en nuestros gastos, especialmente si pasamos de no trabajar con presupuestos a hacerlo por primera vez.
En la búsqueda de la mejora continua y de la excelencia para nuestras clínicas debemos siempre favorecer el aprendizaje, esa actitud que nos lleva a no conformarnos y tratar cada día de superar a nuestro yo del día anterior. Más si cabe en un mundo líquido, en constante cambio que por mor de la tecnología deja rápidamente obsoletas las habilidades de los trabajadores.
Para ello necesitamos formación, una formación que sea práctica, pegada al terreno y aplicable desde el primer día en nuestras clínicas. 
En el Programa de Dirección y Gestión de Clínicas Dentales de BQDC, cuya 6ª edición comienza en febrero 2022 obtendremos instrucciones detalladas de cómo elaborar desde cero un presupuesto de tesorería y muchas otras ideas de valor relacionadas con la gestión de la clínica dental. Cinco ediciones y decenas de alumnos satisfechos nos avalan. Os esperamos.

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Fernando Sicilia FelechosaGerente en Clínica Sicilia.Director del Programa de Dirección y Gestión de Clínicas Dentales de BQDC.


Pedro de Ahumada Servant Profesor del Máster de Dirección y transformación de clínicas de Instituto IDEOD y cofundador de Dental Data. Investigador del proyecto Digipyme y experto en...


Pedro de Ahumada Servant Cofundador de Dental Data y Profesor del Máster de Dirección y transformación de clínicas de Instituto IDEO. Investigador y...


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