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05 Abril 2016

Doctor Christian Coachman

"La odontología emocional, unida al flujo digital, es la mejor manera de crear motivación en el paciente"


¿En qué momento se encuentra actualmente el sistema Digital Smile Design (DSD)?
Empezamos en 2008 y ahora, después de haber logrado la colaboración con Nemotec, así como con la clínica Smylife, en Madrid, podemos afirmar que las cosas han cambiado mucho. Con Nemotec ahora tenemos la infraestructura para transformar nuestros sueños en realidades. Hasta hace poco tiempo estábamos en un marco más conceptual, donde abordábamos cómo comunicarse con el paciente desde un prisma digital, pero la parte del software estaba muy limitada porque no teníamos una colaboración con empresas tecnológicas que pudieran entender este proyecto. Ahora tenemos el socio idóneo.
En un principio, el proyecto inicial del tratamiento se ejecutaba con un software 2D, que era una manera sencilla de hacerlo, pero lo digital quedaba relegado a únicamente esa parte inicial de toma de fotografías y visión del resultado final; todo lo demás era analógico: encerados, guías convencionales, etcétera. Hoy en día esto ha cambiado radicalmente y ya estamos hablando de un flujo de trabajo cien por cien digital. Todos los aparatos se proyectan y se elaboran de forma digital.
¿Conseguir un flujo de trabajo completamente digital era indispensable para obtener los resultados deseados?
El concepto de DSD puede ser implementado de manera analógica pero, como decimos en todos los cursos, en un entorno digital podemos hacerlo más rápido, más preciso y, basándonos en la predictibilidad, también más económico. El profesional obtiene más calidad en su trabajo y logra una serie de ventajas que puede transferir a su paciente. A través del flujo digital, el proyecto inicial de diseño de la sonrisa se transforma en algo mucho más real. Terminamos el caso con un resultado final que está muy cerca del proyecto inicial. Este tipo de desafío era muy difícil de conseguir en la odontología convencional. Sólo a través de la tecnología podemos crear esta conexión.
¿Qué tratamientos se indican como idóneos para el sistema DSD?
Nuestro background viene de la odontología restauradora, pero hoy en día el concepto es totalmente interdisciplinar. Estamos hablando de una plataforma interdisciplinar en la que podemos colocar la documentación del paciente sin importar la especialidad del tratamiento. Hoy vemos que hay muchos sistemas de diseño de la sonrisa, pero están especializados o fragmentados, y esto es un gran problema porque implica que no podamos planificar de forma interdisciplinar global. Con DSD sí podemos hacer ese abordaje global. 
Cuando llega un paciente a la consulta habitualmente no reclama un tratamiento específico y nosotros no sabemos exactamente qué necesita hasta que no hablamos con él y vemos su situación. El gran desafío de la odontología es identificar correctamente las necesidades del paciente. Siempre es más difícil planificar bien que el desarrollo del tratamiento, por eso creo que es imprescindible que los profesionales cuenten con ayuda para tomar las mejores decisiones. La tecnología nos ayuda a entender qué necesitamos hacer en nuestros pacientes para cubrir sus expectativas.
¿Quién decide qué necesidades tiene el paciente?
Todo paciente tiene un doctor que es el capitán del barco, el que guía el tratamiento. Muchas veces puede ser un  prostodoncista o un ortodoncista, pero en todo caso será el dentista que tiene un contacto más directo con el paciente. El software y la tecnología se ponen al servicio de los dentistas como un apoyo muy válido, porque los dentistas necesitamos colaboración y escuchar sugerencias. Nosotros en DSD estamos acostumbrados a hacer planificación y, por lo tanto, nuestro objetivo es que el dentista se convierta en un mejor planificador. 
¿Cómo queda el papel de los laboratorios con el sistema DSD?
Con nuestro concepto, estamos elevando al laboratorio a un nivel nuevo y mucho más importante. Hoy en día un laboratorio moderno no es un taller que hace coronas o aparatos, sino un centro de diseño y planificación. Estas empresas tienen las condiciones de trabajar con la tecnología y sacarle todo el partido. Por lo general, el dentista no tiene ni el tiempo ni la capacidad de realizar la inversión necesaria en tecnología para ofrecérsela sólo a algunos pacientes. En cambio, el laboratorio sí cumple con ese perfil para disponer de la mejor tecnología, porque él sí trabaja para muchos dentistas y para muchos tipos de necesidades. Con DSD es fácil que un laboratorio convencional se convierta en un centro de diseño y planificación.
Hoy en día, percibimos que los laboratorios se dividen en tres apartados. Por un lado, tenemos toda la parte de documentación y vemos que muchos laboratorios se están convirtiendo en centros de radiología, con sus escáneres, tomógrafos o cámaras fotográficas. Algunos dentistas tienen esta parte de documentación integrada en sus clínicas mediante sus propios sistemas de radiología, pero otros muchos la derivan a centros radiológicos. Nuestra experiencia nos dice que cada vez hay más centros de radiología especializados en DSD. Por otra parte, tenemos los laboratorios cuyo perfil es el de un centro de fabricación, porque cuentan con las máquinas y los softwares para producir prótesis o aparatos. Desde DSD aportamos una tercera vertiente, que es el cerebro pensante, un cerebro virtual denominado DSD Virtual Lab. Se trata de un centro de diseño y planificación que envía sugerencias, proyectos y aparatos digitales para los centros de manufactura de todo el mundo. Esta parte del diseño y la planificación es la unión con el mundo real. El dentista cuenta con la documentación del paciente y tiene quien le puede producir las prótesis o los aparatos que necesita, pero precisa de ayuda a la hora de planificar y diseñar. Virtual Lab es la puerta de entrada al mundo digital sin la necesidad de invertir grandes sumas de dinero o pasar por una curva de aprendizaje notable.
¿Qué formación hace falta para empezar a trabajar con DSD de una manera solvente?
Siempre que surge algo novedoso hay una curva de aprendizaje pero, gracias al proyecto Vitural Lab, ésta es muy sencilla. Hace años, cuando difundíamos el proyecto DSD lo enseñábamos todo y pensábamos que con este conocimiento el dentista se convertiría en digital, sería responsable de su documentación, compraría los softwares de proyecto, tendría su CAD-CAM, su impresora, etcétera. Pero con el tiempo hemos visto que es imposible. De los más de mil dentistas que pasaron por nuestro curso durante siete años, el 95 por ciento de ellos estaba satisfecho con el concepto, pero después de seis meses sólo el cinco por ciento conseguía implementar algo. Por eso hemos cambiado de estrategia y hemos puesto en marcha el servicio Virtual Lab, porque hay que dar las máximas facilidades.
¿Cómo es la formación actual?
Con el nuevo programa formativo, que llamamos DSD Residency, intentamos abordar tanto la parte conceptual como la parte clínica, indicando cómo aprovechar la tecnología para el éxito de los tratamientos. El DSD Residency tiene dos módulos de cuatro días, qué únicamente se imparten en nuestro centro de São Paulo (Brasil), en mi clínica; en Madrid, en Smylife y en el centro de Nemotec, y en Nueva York, en la New York University. 
El primer módulo está enfocado en el proceso de diseño de la sonrisa y cómo utilizarlo para promover nuestro trabajo, incluye toda la parte de marketing, comunicación, motivación al paciente, estrategias sociales o cómo preparar nuestra clínica para el efecto sorpresa en el paciente. En definitiva, es un módulo hands-on sobre el diseño de la sonrisa y la parte conceptual de la odontología emocional.
Por su parte, el segundo módulo es totalmente clínico, por eso la formación debe impartirse en centros clínicos. En los días del curso tratamos a entre ocho y diez pacientes, y todos los participantes tienen que seguir el proceso completo utilizando todas las herramientas digitales: planificación, tallados, provisionales, cirugías, prótesis totales, carillas, coronas, CAD-CAM, etcétera. Todo se hace en vivo.
¿Qué es más complicado para el profesional, la parte conceptual o las herramientas digitales?
Siempre es más complejo el cambio conceptual porque hablamos de un cambio de paradigma, una transformación en la manera de enfocar nuestro trabajo. Todos tendemos a mantenernos en nuestra zona de confort y nos resistimos a los cambios, por eso es necesario ver las ventajas de trabajar de otra manera. Pero con DSD tenemos la gran suerte de que el paciente siempre recibe sorpresas positivas y eso hace que se implique en su tratamiento y exista una motivación especial. La odontología emocional, unida al flujo digital, es la mejor manera de crear motivación en el paciente, y que éste difunda los beneficios de esta nueva odontología en su entorno.
Es importante reseñar que cuando hablamos de la satisfacción de una sonrisa no nos referimos a una imagen estéticamente perfecta, sino a una manifestación facial expresada con confianza y seguridad. Si un paciente no sonríe con confianza evidentemente tenemos un problema. Con DSD buscamos la seguridad emocional. 

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Imagen de master1305 en Freepik.

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